C.O. Reinhart lanzó desde una ventana de un décimo piso en un edificio de oficinas de Nueva York un avión de papel que acabó recorriendo dos kilómetros.
El avión en cuestión cruzó el East River hasta Brooklyn en agosto de 1933.
Semejante proeza fue posible gracias a la casualidad: una corriente térmica producida por un tostadero de café cercano favoreció el vuelo y mantuvo el avión elevado durante tanto tiempo.