En 1816 los habitantes del hemisferio norte se quedaron sin verano sufiendo, en su lugar un crudo invierno. El año anterior había entrado en erupción el Tambora y fue la mayor erupción volcánica de los últimos 10.000 años. Se oyó desde 2000 km de distancia. La cantidad de materiales que arrojó la atmósfera fue decisiva para la aparición del fenómeno.