Semana 48. 334/31
Andrés.
Pio Baroja, autor de casi cien obras y uno de los máximos exponentes de la no siempre bien entendida generación del 98, fue todo un personaje. Tímido, gruñón, arisco, pesimista... Y preclaro. Acumuló una nutrida biblioteca especializada en ocultismo y brujería.
Su plaza de médico en Cestona le asqueaba; riñó con su colega, con el alcalde, con el párroco y con la mayoría de los habitantes del pueblo. Volvió de panadero a Madrid junto con su hermano Ricardo. Abominó de todo y lo pagó muy caro.
Durante la guerra civil tuvo que exiliarse a París tras ser amenazado por unos carlistas. Posteriormente, y para escándalo de la España católica del año 1956, y como última voluntad, pidió ser enterrado en el cementerio civil en calidad de ateo. Su ataúd fue portado e hombros por Hemingway y Cela, entre las calles de Madrid, en una ceremonia laica e íntima.
Rubén Dario dijo de él: ”es un escritor de mucha miga ese Baroja”. El escritor le respondió: “También Dario es escritor de mucha pluma. Se nota que es indio".
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