Lunes, 26 de mayo de 2014

Semana 22. 146/219
Felipe Neri.

En la Edad Media, la mayoría de las personas vivían en ambientes rurales y sus camas, preparadas cada noche, consistían en amontonar pajas y cubrirlas con un jergón de tela. Otra opción de los más pudientes eran las plumas, crines de caballo o lana. El problema de estos materiales era que tenían un fuerte olor y la lana, por ejemplo, se llenaba de insectos, así que había que hervirla a menudo, proceso que resultaba muy tedioso. Tenían que darle la vuelta a los colchones y esponjarlos casi a diario; a menudo debían vaciarlos por completo y volver a llenarlos para que las plumas no olieran mal. Las familias pobres tenían un método casero para ahuyentar los insectos: colgaban excrementos de vaca en los postes de la cama porque creían que así se libraban de ellos.

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