Jueves, 31 de julio de 2014

Semana 31. 212/153
Ignacio de Loyola.

El engaño no es una práctica exclusiva del género humano. Animales y vegetales también se apuntan a ellas con el fin de transmitir información, escapar a un depredador u obtener recursos para sobrevivir. En general se puede establecer cuatros niveles de engaño. El primer nivel correspondería al mimetismo, imitación o camuflaje, es decir, la capacidad que tienen algunas especies de asemejarse a otras en su entorno, tales como el pulpo o el camaleón. El segundo refiere a las conductas que evolucionan específicamente en un género animal; las liebres en plena carrera, por ejemplo, simulan escoger el camino equivocado para confundir a sus perseguidores. El tercer nivel comprende todas aquellas acciones que un animal puede aprender por observación: los perros engañan a sus amos para conseguir más alimentos según la educación que se les dé. Y en último nivel se ubica la mentira intencionada; es decir, el animal intenta engañar de una manera planificada. Implica tácticas complejas propias de primates y humanos. Los chimpancés, por ejemplo engañan para ocultar objetos, despistar con gestos, atraer la atención de otros, dar una falsa impresión o desviar la atención hacia un tercero. Algunos lo hacen para apoderarse de alimentos, defenderse e incluso como diversión. Por esta razón, a los chimpancés se les conoce como "los reyes de la mentira".

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