Viernes, 06 de noviembre de 2015

Semana 45. 310/55
Leonardo.

Una teoria un tanto romántica sobre la tradición de soplar las velas en una tarta de cumpleaños indica que se originó en la antígua Grecia para venerar a Artemisa, dios -entre otras cosas- de la Luna, aunque no necesariamente para festejar un cumpleaños, sino para solicitar intervención divina. Para que la diosa escuchara y cumpliera el deseo se le ofrendaba una tarta con miel en forma redonda que se asemejaba al satélite y se adornaba con un cirio encendido; entonces se formulaba el deseo en silencio para que nadie más lo supiera y, en tal caso, deseara a su vez que Artemisa no lo consumara. El sacerdote del templo soplaba las velas para que el humo ascendiente llevara el mensaje hasta la Luna. Sin embargo, y desde una perspectiva histórica, los vestigios más antiguos encontrados hasta ahora de una vela pertenecen a siglo II a.C. en China y no en Grecia. La referencia histórica documentada más antigua sobre esta costumbre proviene del siglo XVIII en Alemania, cuando al celebrar el Kinderfest (fiesta de cumpleaños para un niño), se llevaba a los infantes a un salón o auditorio donde se hacía mucho ruido con canciones, aplausos y risas para alejar a los malos espíritus. En 1746, el viajero Ludwing von Zinzendorf de Marienborn y describió a detalle la fiesta en sus memorias: "Había un pastel tan grande como cualquier horno pudiera encontrarse para hornearlo, y hoyos hechos en el pastel de acuerdo con los años de la persona, cada uno con una vela y otro más en medio para otra vela que representaba buenos deseos en el año que se iniciaba."

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