Mi?rcoles, 09 de marzo de 2016

Semana 11. 69/297
Romana.

Un ritual que todavía ponen en práctica algunas novias es el de llevar huevos a un convento de monjas clarisas, pues existe la creencia de que, si se hace esa ofrenda, santa Clara velará por que no llueva el día de la boda. El origen de esta tradición es medieval. En aquellos tiempos, la mayoría de las bodas se celebraban al aire libre, en el atrio de la iglesia, no en el interior del templo. Más allá del deseo de los novios por que la lluvia no estropeara un día tan especial de sus vidas -lo que prima en la actualidad-, existía la superstición de que la presencia de la lluvia era un signo de desgracia y calamidades para el futuro matrimonio. De ahí que la novia intentara por todos lo medios que no lloviera. La solución pasaba por llevar una docena de huevos al convento más cercano de monjas clarisas, para que se los ofrecieran a santa Clara. El huevo es un elemento simbólico que representa lo que nace: en este caso un nuevo matrimonio.

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