Viernes, 17 de junio de 2016

Semana 24. 169/197
Ismael.

Ningún obejto simboliza tanto la guerra fría como la Garden Egg Chair, diseñada en 1968 por Peter Ghyczy, un húngaro que escapó a la Almania occidental tras la fallida revolución de 1956 en su país. La silla tiene forma de huevo, o de ovni, formas muy populares en la época, con la peculiaridad de que el respaldo sirve de tapa y la impermeabiliza de la lluvia. La empresa para la que trabajaba Ghyczy solo fabricó dos ejemplares, de poliuretano. La manufactura se estimó muy cara y la patente viajó en silencio al otro lado del muro, a la RDA, donde los costes eran mucho menores. Oficialmente, los intercambios comerciales entre las dos Alemanias eran nulos pero en el caso de la Garden Egg Chair se estableció que un tercio de la producción debía regresar a la RFA, mientras que el resto debía servir al consumo interno de la RDA y a la exportación. La mayoría de los 14.000 ejemplares que se fabricaron jamás vieron un hogar corriente del este: el objeto costaba 430 marcos, el sueldo habitual de un trabajador. eso sí, la Graden Egg Chair fue explotada durante años, en ferias y congresos, como una de las maravillas del régimen comunista de la RDA.

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