Jueves, 24 de agosto de 2017

Semana 34. 236/129
Bartolomé.

La momificación realizada en Egipto era llevada a cabo mediante técnicas muy precisas. En una primera fase se extraían las vísceras y se depositaban en vasos llamados "canopos". Se lavaba el cuerpo con vino de palma y se rellenaba con arena. Se perfumaba y se sumergía en carbonato sódico (natrón) durante 70 días. En una segunda fase se envolvían los miembros por separado con vendas de lino; estas llegaban a alcanzar una longitud de 300 a 500 metros y eran fijadas con goma arábiga. En la fase siguiente la momia se colocaba en un sarcófago de madera que era pintado con símbolos, divinidades y el retrato del fallecido, de acuerdo a su jerarquía. El corazón era el único órgano que se dejaba en el cadáver, este no debía separase del cuerpo porque los egipcios creían que en él residían los sentimientos, la conciencia y la vida. Enterraban a sus muertos en el desierto y a poca profundidad, provocando la deshidratación del cuerpo y su preservación, ya que las bacterias no pueden proliferar en ausencia de humedad. El proceso duraba 70 días, lo que tardaba en salir la estrella Sothis (Sirio) por el horizonte tras desaparecer previamente. Todo esto tenía como misión preparar al fallecido para encontrar el camino a la inmortalidad, tal y como se describe en el Libro de los Muertos.

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