Lunes, 09 de octubre de 2017

Semana 41. 282/83
Dionisio.

Se cree que el origen del abanico se encuentra en Japón, en el siglo XV, desde donde su uso se extendió a China y, después, a Europa. Por aquella época y hasta el siglo XX, las mujeres que acudían a los bailes y ceremonias sociales no podían relacionarse libremente con hombres. De hecho, las damas "decentes" siempre iban acompañadas por su madre o por otras mujeres, para evita quedarse a solas con los "caballeros", algo que las convertiría en el blanco de rumores y podría afectar a su reputación. Para saltarse esta norma y comunicarse con el hombre que le gustaba, comenzaron a emplear un lenguaje basado en el uso de los abanicos. Este lenguaje permitía enviar al pretendiente mensajes ocultos, sin que sus madres u otros asistentes al acto se percatase de lo que ocurría. Un código que se fue descifrando con el paso del tiempo:

- Apoyar el abanico cerrado al lado derecho de la cara: Sí.
- Apoyar el abanico cerrado al lado izquierdo de la cara: No.
- Abanicarse con rapidez mirando al hombre: Te amo con locura.
- Abanicarse lentamente mirando al hombre: Estoy casada y no me interesas.
- Sujetar el abanico co el brazo caído: Te pertenezco.
- Apoyarlo abierto sobre el pecho: Te quiero.
- Abrir el abanico a la altura de la nariz: Sígueme cuando me vaya.
- Apoyar el abanico sobre los labios: No me fío de ti.
- Cerrarlo rápido: Estoy celosa.
- Pasar el abanico sobre el cabello: Me acuerdo muhco de ti.

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