Martes, 09 de diciembre de 2008

Semana 50. 344/22
Leocadia.

La tradición de llevar una parta de conejo en el bolsillo para atraer la suerte no nace de este animal sino de la liebre. Los antiguos británicos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas que había que evitar ingerir. Por otro lado, algunos tratados medievales mencionan que las mujeres embarazadas y durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón y ponerse en el regazo uno de estos animales, para que les calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho.

La leyenda popular aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casa de los campesinos para zafarse del peligro. Incluso hay una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir.

Pero la idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Eso sí, para ser eficaz, el hueso debía tener la articulación intacta. Por ser tan parecidos, la liebre y el conejo se unieron como fruto de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.

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