Martes, 17 de febrero de 2009

Semana 8. 48/317
Rómulo.

Un tatuaje es para toda la vida, una marca imborrable que sólo puede eliminarse de manera más o menos eficaz con láser. Es así porque la tinta con la que se realiza se inyecta en una capa profunda de la piel, llamada dermis. Ésta está situada entre la epidermis, que es la que se encuentra en contacto con el medio externo y la hipodermis, el estrato más profundo, y está constituida por un tejido conjuntivo vascularizado y con abundante terminaciones nerviosas.

La epidermis se encuentra sometida a una constante renovación por exfoliación y cambia completamente cada 30 días. Por tanto, cualquier tinte inoculado en esa capa tiene el futuro muy corto. Los tatuadores lo saben; por eso inyectan la tinta en la dermis, al nivel donde se hallan los lunares, una capa que no está sometida a renovación.

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