Martes, 22 de diciembre de 2009

Semana 52. 355/10
Juan de la Cruz.
Comienzo del invierno. Día más corto del año.

Quién iba a decir a los españoles de las Cortes de Cádiz que lo quecomenzó en 1812 como un sorteo celebrado por el sentir popular ante lallegada de la Navidad daría la vuelta al mundo y serviría deinspiración a una de las películas de Futurama, la conocida serieanimada de la Fox. Y es que casi doscientos años de historia de loteríanavideña dan para muchas anécdotas.

En concreto, el Sorteo Extraordinario de Navidad tiene su propio“cameo” en el largometraje Bender´s Big Store (El Gran golpe deBender), en el que el profesor Farnsworth es engañado por una banda decyber-timadores a través de una notificación según la cual el profesorha resultado ganador del sorteo navideño de la Lotería Nacional.

Pero no sólo los estadounidenses de la Fox se han dejado “seducir”por los encantos del clásico Sorteo de Navidad. ¿Qué pueden tener encomún con este sorteo tan español Francia y Gran Bretaña? A pocos lessonará el nombre de Clive Arrindell. Pero si citamos el apelativo “elcalvo” de la Lotería, todos ponemos cara a ese actor británico queprotagonizó durante ocho años el clásico anuncio de la Lotería deNavidad. Y dicho personaje fue creado por la agencia francesa Publicisen 1998, que ganó el concurso convocado por Loterías.

¿Por qué Loterías y Apuestas del Estado acabó con “el calvo”? Segúnla propia entidad estatal, porque “eclipsaba” la esencia del sorteo, yprobablemente también porque Arrindell recibía cada año entre 120.000 y150.000 euros por trabajar en exclusiva para dicho anuncio.

El profesor Farnsworth de Futurama no ha sido el único timado en elGordo de la Lotería. Más allá de la ficción, la historia del Sorteo deNavidad está plagada de anécdotas de este tipo. 2003 fue probablementeuno de los años más prolíficos en timos de lotería navideña. Así, lasautoridades de Estados Unidos y Reinos Unido alertaron ese mismo año asus ciudadanos de que una estafa utilizaba la Lotería española comocebo. El mecanismo era muy sencillo: el “afortunado” recibía en suhogar una carta o llamada telefónica por la que se le comunicaba quehabía resultado ganador del Gordo. Para hacer efectivo el millonariopremio, el acertante debía enviar una cantidad de dinero para costearlos impuestos y tasas.

Dicho timo se extendió el mismo año a Corea del Sur, donde el propiocónsul en España, Pil Hwan, denunció que su compatriota Ki-Hoon recibióun correo con la noticia de que había ganado nada menos que 1.547.000euros. Eso sí, debía enviar al remitente en concepto de “comisiones”2.665 euros. Finalmente, los timadores le enviaron un documento con unmembrete falso de Banesto y un número con una cuenta bancaria. Y alpobre Ki-Hoon le engañaron como a un chino.

Timos al margen, sería un pecado despedir un reportaje sobre elGordo de Navidad sin citar a uno de los principales puntos de venta entoda España: Doña Manolita (Madrid). En la popular y castizaadministración madrileña, fundada en 1931, una pareja de desconocidoshacía cola para comprar sus décimos. Durante la espera, charlaron sobrelas ilusiones depositadas en el sorteo. No les tocó el Gordo en formade dinero, pero sí en el plano sentimental: de su encuentro fortuitosurgió un matrimonio y nació una niña.

Otra de las anécdotas ocurridas con un billete de lotería adquiridoen Doña Manolita parece sacada de una película de intriga. Hace algunosaños un boleto salió de esta administración madrileña rumbo a Sevilla,pero nunca llegó a las manos de su dueño porque una banda deatracadores asaltó la furgoneta en la que viajaba el billete. Tres díasdespués, dicha furgoneta apareció completamente quemada… excepto elbillete de lotería, intacto. Si hubiera caído el Gordo en dichobillete, su legítimo dueño, los ladrones e incluso la propia policía sehabría tirado de los pelos.

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