Martes, 30 de marzo de 2010

Semana 13. 89/276
Juan Climaco.

En una de sus habituales audiencias, Felipe II recibió a dos comisarios de una comunidad que iban a pedirle cierta merced. Uno de ellos era un charlatán y habló tanto que Felipe II cogió un soberano dolor de cabeza. Terminada la perorata, la educación obligó al rey a preguntar: “¿tienen algo más que añadir?”, a lo que el otro comisionado dijo: “Señor, nuestros superiores nos han encargado que, si no nos concede lo que pedimos, mi compañero le repita su discurso de la primera a la última letra”. Divertido por la amenaza, Felipe II accedió a la petición.

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