Jueves, 11 de agosto de 2011

Semana 32. 223/142
Clara.

Tras consumar su matrimonio, Isabel la Cat?lica (1451-1504) tuvo que mostrar a los testigos apostados junto a la puerta la s?bana ensangrentada que demostraba su virginidad.

No fue la ?nica vez que tuvo "mirones". Una costumbre de la Corte Espa?ola, que se remontaba a la ?poca de don Pedro el Cruel (1334-1369), era la de que los partos de las reinas se realizasen en presencia de testigos que diesen fe de que los beb?s eran realmente fruto del vientre real.

Como reina de Castilla, Isabel la Cat?lica tuvo que someterse a esta tradici?n. As?, cada vez que la soberana castellana tra?a al mundo a uno de sus hijos, que nacieron en Due?as (Palencia), Sevilla, Toledo, C?rdoba y Alcal? de Henares (Madrid), un grupo de testigos ten?a que reunirse para presenciar el parto y certificar que por las venas del infante corr?a sangre real. Isabel la Cat?lica era una mujer de gran dignidad, incluso a la hora de dar a luz. Por eso, cuando le llegaba la hora, ped?a a sus doncellas que le colocasen un velo sobre su rostro para evitar que nadie viera su dolor.

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