S?bado, 28 de enero de 2012

Semana 4. 28/338
Tomás de Aquino.

Si el portador de un piercing en la lengua lleva además un empaste o una prótesis dental, puede aparecer en su boca una pequeña descarga eléctrica. La saliva, que es ligeramente ácida y salada, realiza el papel de conductor. El metal del piercing y el empelado por el dentista activan una reacción denominada de oxidoreducción: el más puro, como la plata de la amalgama, oxida al más vil, caso del titanio, el aluminio o el acero con el que se hacen los piercings. Se genera así un flujo de electrones que crea una corriente eléctrica imperceptible pues su intensidad es de unos pocos miliamperios, pero suficiente para activar los receptores nerviosos de la lengua. Normalmente la corriente afecta al nervio trigémino, que pasa por la boca y el oído. Es por ello que el portador del piercing puede notar un ligero cosquilleo.

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