Lunes, 30 de enero de 2012

Semana 5. 30/336
Martina.

La norma de no comer carne de cerdo presente en la religión musulmana y judía, tiene su origen en el Antiguo Testamento, en el que se narra cómo Dios dictó que sólo podían comerse rumiantes de casco partido y pezuña hendida, lo que dejaba fuera al cerdo. Siglos después, Alá hizo ver a Mahoma el mismo precepto. Según el filósofo judío del siglo XII Maimónides, Dios habría querido velar por la salud de sus hijos "que podrían enfermar si consumían un animal que se revuelca en el fango". No obstante, antropólogos más actuales apuntan a que la aparición de este tabú se explicaría como una adaptación de la sociedad al ambiente. Así, para los judíos de los tiempos bíblicos era más rentable criar ovejas y cabras que cerdos, peor adaptados a su clima.

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