Martes, 31 de enero de 2012

Semana 5. 31/335
Juan Bosco.

Las moscas, al contrario de la opinión popular no sienten una especial predilección por las personas justo antes de que llueva. En realidad, se vuelven tan pesadas durante los momentos previos al chaparrón porque les cuesta bastante trabajo volar y por eso se quedan posadas en cualquier sitio, incluido el cuerpo humano. La explicación es sencilla. Cuando va a llover, el aire presenta baja presión -y, por lo tanto, baja densidad-, y los insectos desplazan menor cantidad de él en cada aleteo, por lo que les cuesta mantener el control de sus movimientos aéreos. Además, la humedad se acumula en su cuerpo y lo vuelve más pesado, tanto en el sentido literal como en el figurado.

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