Martes, 25 de junio de 2013

Semana 26. 176/189
Guillermo.

En la segunda mitad del siglo XIX Londres era una de las ciudades más inmundas del planeta y sus sistema de cloacas no bastaba para eliminar los desechos de la creciente población promovida por la Revolución Industrial. En 1858 el drenaje sufrió un colapso y el hedor que subía del rio Támesis, que atraviesa la capital, era tan intenso que los miembros del Parlamento suspendieron sus actividades y los cortinajes de las oficinas se cubrían con cal para reducir la peste. Eso sí, tuvo un efecto positivo: convenció a las autoridades para invertir en una nueva red de alcantarillado.

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