Lunes, 02 de abril de 2018

Semana 14. 92/273
Francisco de Paula.

París, 1849. A sus 39 años el compositor Frédéric Chopin intuye que va a morir. Pide que se interprete un réquiem de Mozart en su funeral. Un deseo imposible. Una parte de la composición es interpretada por voces femeninas y las mujeres tenían prohibido cantar en la iglesia de La Madeleine. Además, ruega a su hermana Ludwika que le extraiga el corazón y le encarga devolverlo a su Polonia natal. La había dejado atrás sin saber que los conflictos por la independencia del país contra la Rusia zarista no le dejarían volver. No fueron tareas fáciles. Satisfacer la primera voluntad llevó dos semanas, el tiempo que los influyentes amigos del pianista tardaron en convencer al arzobispo de París de que hiciera una excepción a la prohibición de que las mujeres cantasen en La Madeleine. Finalmente pudieron hacerlo, pero escondidas tras unas cortinas negras. Para cumplir el segundo deseo, Jean Cruveihier, una autoridad médica del momento, extrajo el órgano y lo conservó en un tarro. Pero no pudo introducirlo en Polonia hasta meses más tarde. Lo hizo dentro de una urna de roble y caoba que escondió a los inspectores, bajo su capa, durante todo el viaje.

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