Mi?rcoles, 05 de septiembre de 2018

Semana 36. 248/117
Lorenzo Justiniano.

Los flamencos, aves de patas y cuello largos, reciben su nombre de la palabra flamenc, ‘color de llama’, que en el sureste de Francia se refería al color rosáceo intenso de su plumaje. Los españoles aplicaron la misma palabra para aquellas personas cuya tez tenía el tono rojizo característico de los nacidos en Flandes, haciéndolos el prototipo de los pueblos nórdicos. Además, el flamenco es un baile. Se dice que recibe dicho nombre por la similitud entre los movimientos de las bailarinas y la elegancia natural de estos animales. Y un gentilicio, que proviene del neerlandés flaming, que quiere decir ‘natural de Flandes’, cuya ubicación geográfica ha variado con el tiempo: en un principio fue una región de Europa Occidental que, durante el siglo x, abarcaba Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y territorios de las Repúblicas Francesa y Alemana; hoy en día comprende la región Flamenca de Bélgica, el Flandes francés y el Flandes zelandés. Durante los siglos XVI al XVIII se libró la Guerra de los 80 Años, donde las 17 provincias que formaban los Países Bajos se opusieron a la opresión de sus soberanos españoles. A los rebeldes del Condado de Flandes se les consideraba especialmente violentos, con lo cual, popularmente, comenzó a denominarse «flamenco» a todo aquel que fuera considerado «revoltoso». El origen de la palabra también podría derivar de los términos árabes felah-Mengus, felahikum y felah-enkum, que quieren decir «el canto de los campesinos»; o de la expresión andalusí fellah min gueir ard, que significa «campesino sin tierra», haciendo referencia a los moriscos desterrados que, integrándose a las comunidades gitanas, cultivaron los cantos flamencos como reflejo del dolor de perder la tierra madre.

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