Lunes, 05 de noviembre de 2018

Semana 45. 309/56
Zacarías.

No se sabe a ciencia cierta cómo se descubrió el champán, pero la leyenda cuenta que fue Dom Pierre Pérignon, un monje ciego benedictino del siglo XVII, quien, sin intención, la creó en la zona de Champagne, Francia, la bebida y que se la dedicó al Rey Sol, Luis XIV, en su bautizo. Cuentan que el monje dijo: “He encapsulado las estrellas para ti, Rey”, y así comenzó la tradición de celebrar con burbujas. La realidad es que Inglaterra ya lo hacía, pero lo consideraba un error, así que Francia se lo tomó más en serio y consiguió la denominación de origen en 1927. La gran diferencia entre la champán y los vinos “normales” es el gas carbónico, o sea, las burbujas. Pero no solamente es ponerle burbujas. Para que sea champán, por ley, tiene que hacerse con el método tradicional champenoise, pero aunque se haga exactamente con ese método para ser etiquetado como tal tiene que cumplir otra imprescindible condición: producirse dentro de los 35 mil kilómetros de territorio francés que tiene la denominación y con las uvas que allí se cultivan. En la zona en cuestión antes había mar y desapareció dejando una tierra que es como gis, llamada creta, que absorbe mucha humedad y es ideal para que viva la vid. Aquí, además, hay un clima idóneo para cultivar las uvas perfectas.

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