Domingo, 23 de diciembre de 2018

Semana 51. 357/8
Juan Cancio.

En la alta Edad Media, la noche del 24 de diciembre se celebraban no una, sino tres misas; la que se realizaba justo a medianoche fue la que se popularizó en todo el mundo cristiano y aún hoy se conoce como Misa de Gallo. Ésta recibe su nombre de una vieja leyenda que habla de un ave que pasaba la noche en la Gruta de la Natividad, la primera en ver el nacimiento de Jesús y anunciarlo. Algunos identificaron al ave con un «ermitaño» o «cabañero», especie que habita en establos y grutas; otros la describen como un gallo encaramado a las partes más altas del establo. En cualquier caso, en las culturas paganas el gallo era símbolo de fecundidad y renacimiento: anunciador del nacimiento del sol con su cacareo. Hasta principios del siglo XX se acostumbraba que, a mitad de la misa, un niño del coro imitara su canto o se empleara un gallo vivo.

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