Jueves, 28 de febrero de 2019
So

Semana 9. 59/306
Román.

Entre la retahíla de preposiciones que en orden alfabético nos hacína aprender hay algunas caídas en desuso y que nadie o casi nadie usa. Es lo que le ocurre a “so”. Esta palabra proviene del latín sub, y significa “bajo” o “debajo de”. En la época medieval era muy frecuente su uso en frases como “Quiso escapar so pretexto de que era inocente”, o «Se arrojó por la ventana so riesgo de matarse”. En el Siglo de Oro (que abarca los siglos XVI y XVII), so adquirió una nueva connotación: empezó a usarse como contracción de “señor” y acompañada por un adjetivo descalificativo, antepuesta, era, según María Moliner”, cualquier insulto que se dirige a alguien, en estado de irritación o en lenguaje informal», y pone como ejemplo frases similares a: “¡Respeta a la dama, so majadero!”, o “¡Que me has tirado las mercancías, so imbécil!”. En la actualidad, sólo quienes usan un lenguaje arcaico y barroco dicen so; en especial los abogados, que la usan so pretexto de enriquecer sus discursos legales. Los que si pronuncian habitualmente esta cortísima, pero sustanciosa palabra, son los jinetes, pues una tercera acepción de so (que por cierto, se usa desde el siglo XV) es, a manera de interjección, para ordenar a un corcel que se detenga: “¡So, caballo!”

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