Viernes, 15 de marzo de 2019

Semana 11. 74/291
Luisa.

Leonardo da Vinci llegó a diseñar un modelo de arma de fuego que disparaba varios tiros a través de diferentes caños al mismo tiempo, pero fue una idea que nunca salió del papel. La ametralladora no participaría en los campos de batalla hasta la guerra de Secesión de los Estados Unidos (1861-1865), cuando el inventor Richard Gatling presentó un arma dotada de un conjunto de caños montados en forma circular, que giraban mediante una manivela. Disparaba un caño cada vez y permitía 600 disparos por minuto. Los franceses perfeccionaron la invención de Gatling y, durante la guerra franco-prusiana (1870-1871), usaron una ametralladora de 25 caños fijos que disparaban uno a uno. Sin embargo, se consideró, por diversos motivos, que el artefacto era inferior al de Gatling y muy pronto fue olvidado. En 1883, el norteamericano Hiram Maxim exhibió la primera ametralladora automática, que disponía de un solo caño y se recargaba usando la fuerza de retroceso de cada disparo. Hacia fines del siglo XIX, se usaban ya diversos tipos de ametralladora, algunos refrigerados con agua para evitar el recalentamiento del metal. En la Segunda Guerra Mundial, aparecieron los modelos más ligeros, de mano, que en algunos países se llamaron metralletas, pero hacia fines del siglo XX, la ametralladora se vio superada por los fusiles de asalto, armas ultramodernas de alta precisión y capaces de disparar tanto tiros aislados como ráfagas de disparos. El nombre de esta arma proviene de la palabra francesa mitraille, procedente a su vez del francés antiguo mitaille, que dio origen al vocablo español metralla. Mitaille se había formado a partir de mite, que en francés era el nombre genérico de las monedas de poco valor, tomado del neerlandés mîte «polilla» o «cosa de poca importancia».

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