Jueves, 21 de marzo de 2019

Semana 12. 80/285
Fabiola.

En la ficción recuerda al arma letal de una reina vanidosa, mientras que en la ciencia se vincula con el descubrimiento de una ley universal. De “emblema del pecado” pasó a ser la imagen de una empresa discográfica y, de ahí, a logotipo de una célebre marca tecnológica. La manzana es uno de los símbolos universales más usados. Su nombre se remonta a la Edad Media. De acuerdo con el Breve diccionario etimológico de Corominas, la manzana fue “obra” del botánico Caius Matius Calvena quien, en el siglo I a. C., creó una variedad a la que bautizó con su nombre: Mala mattiana, “manzana de Matio”. Posteriormente, debido a los cambios propios de la lengua, su nombre pasó de mala mattiana a mattiana, no sólo por simple economía lingüística, sino además porque en la evolución a latín vulgar, el término en su forma masculina -mālum, “manzano”- era fácilmente confundible con el atributo malum, “malo”; por lo que dicha partícula fue suprimida. En adelante, el proceso de evolución de su nombre continuó de la siguiente manera: de mattiana a matiana, de ahí a maçana, pasando después a mazana, para terminar en su forma castellanizada “manzana”. Por otro lado, en latín también existía el término pomum, que describía cualquier «fruto carnoso», en especial los de forma esférica. A los árboles frutales se les llamaba pomus, lo cual derivó en pomarius, ‘viveros de frutales’; en francés se convirtió en pommier; en catalán pomer, y por eso en el español «pomar» todavía significa ‘lugar plantado de árboles’. Sin embargo, la manzana ha recibido diversas connotaciones, incluso antes de la era cristiana. Por ejemplo, en la mitología griega la diosa Eris deja ese fruto en una boda a la que no fue invitada y, en traducciones posteriores se le nombró «la manzana de la discordia»; en anatomía, da nombre a la prominencia laríngea: «la manzana de Adán». Y, bueno, a veces hay que explicar las cosas con peras y manzanas

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