Jueves, 07 de noviembre de 2019

Semana 45. 312/54
Ernesto.

En 1854, el italiano Antonio Meucci construyó un aparato con el que podía transmitir señales eléctricas, entre su oficina y la habitación de su casa. Lo bautizó como teletrófono, pero se encontró con un problema: carecía del dinero suficiente -250 dólares- para patentar su invento ya que era un inmigrante italiano afincado en Estados Unidos sin recursos. La solución de Meucci fue registrar una "caveat" -notificación previa para la solicitud de una patente-, con un coste muy reducido, pero que había que renovar anualmente. Intentó demostrar la valía de su aparato y así reunir el dinero necesario para patentarlo. Sin embargo, en 1874, no pudo hacer frente al coste de la renovación del registro. Alexander Graham Bell aprovechó la oportunidad y, poco más de un año después, patentó un artilugio similar: el teléfono. Meucci se enzarzó en una batalla legal contra la compañía de Bell, pero sus escasos recursos no pudieron con el ejercito de abogados de la empresa. Así, Graham Bell pasó a la historia como el inventor del teléfono, al menos hasta el 11 de junio de 2002, fecha en la que la Cámara de Representantes de EE.UU. publicó la resolución 269, en la que se establece de manera oficial que fue Meucci quién inventó el teléfono.

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