Martes, 07 de enero de 2020

Semana 2. 7/359
Ramón.

En 1886, un farmacéutico de la ciudad estadounidense de Atlanta, John Stith Pemberton, puso a la venta un tónico cerebral que él mismo había preparado usando como ingredientes básicos dos productos vegetales: hojas de coca y nuez de cola. El primero de estos componentes había adquirido cierta notoriedad por aquella época debido a un subproducto, el clorhidrato de cocaína, al que era aficionado un famoso personaje de ficción, el detective Sherlock Holmes, y también, en la vida real, un joven investigador de los síntomas de la histeria, el doctor Sigmund Freud. La nuez de cola es conocida por quienes practican fitoterapia, a causa de su propiedad estimulante por su alto contenido de cafeína. El contable de la farmacia de Pemberton diseñó el logotipo del nuevo jarabe con el nombre Coca-Cola, basado en estos dos ingredientes: la hoja de coca y la nuez de cola. El propio farmacéutico puso un aviso en un diario local en el que decía: «¡Coca-Cola, deliciosa, refrescante, fantástica! ¡El nuevo refresco gaseoso que contiene las propiedades de la planta maravillosa, la coca, y la famosa nuez, la cola!». En las primeras décadas del siglo pasado, la cocaína fue retirada de la fórmula y sustituida por otros productos. En 1891, el farmacéutico Asa G. Candler adquirió y registró la marca y, en 1897, empezó a exportar la bebida. Los derechos de embotellado de esta gaseosa están vigentes desde 1899: los concesionarios de cada país pueden fabricar y vender el producto, pero el preparado básico lo suministra directamente la Coca-Cola.

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