Jueves, 06 de agosto de 2020

Semana 32. 219/147
Transfiguración.

El sistema operativo de un ordenador ha puesto al alcance de todos la posibilidad de usar caracteres semejantes a los empleados en las imprentas, diferentes de los de las máquinas de escribir tradicionales, caracteres que, aunque ahora se conozcan como “fuentes”, en español siempre se les ha denominado, al menos desde 1615, tipos o tipos móviles. En los últimos años, nombres como Arial, Times New Roman y Verdana, entre otros miles de tipos, dejaron de pertenecer al léxico exclusivo de tipógrafos y diagramadores, y se transformaron en palabras de uso popular, pero esta universalización trajo consigo un error de traducción. En efecto, los tipos no son fuentes, como se ha dado en llamarlos al traducir erróneamente el vocablo inglés font. La confusión proviene del hecho de que font tiene dos significados diferentes, a cada uno de los cuales corresponde una etimología distinta y una traducción específica al español. En su primera acepción, vertida al español como fuente, la palabra font llegó al inglés proveniente del irlandés antiguo fans, que la había tomado, a su vez, del latín fons, fontis «fuente», «manantial». En la segunda acepción, que es a la cual nos referimos en esta nota, font o fount, llegó al inglés a partir del francés fonte, que no significa fuente, sino «fundición de metal», con origen en el latín funditus, participio de fundere «fundir», «fabricar». Así, la expresión francesa fonte de fer se traduce como «fundición de hierro». Los caracteres de la antigua tipografía inventada por Gutenberg eran de metal fundido en moldes. Hasta la universalización del uso de los ordenadores en las últimas décadas del siglo pasado, siempre se llamaron tipos, del vocablo latino tipus y éste, del griego týpos «señal», «huella», «copia», «forma», y jamás se les había llamado "fuentes".

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