Lunes, 07 de septiembre de 2020

Semana 37. 251/115
Regina.

Bell patentó el invento de la trasmisión de sonidos mediante cable, pero su mérito tuvo más que ver con el oportunismo que con el ingenio. En realidad, el teléfono de Bell era una variación del teletrófono eléctrico de Meucci. El teletrófono provenía de un invento casero: Antonio Meucci lo desarrolló a partir de un intercomunicador doméstico ideado para atender a su esposa, enferma de artritis. No dominaba las artes del marketing y, aunque organizó varias demostraciones destinadas a recaudar fondos, no tuvo suerte. Tal es así que no pudo obtener la patente de su propio invento porque le faltaban diez dólares para completar los 250 necesarios para tramitarla. Trató de llevar al impostor Bell a los tribunales, pero fracasó: los abogados del escocés y sus artimañas condenaron a Meucci al olvido, a pesar de que la patente de Bell fue anulada temporalmente por fraude en 1877. Finalmente, en 2002 la Cámara de Representantes de EE.UU. admitió que la paternidad del teléfono le correspondía a Meucci y no a Bell.

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